Cooperadores Amigonianos


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SALUDA DE LA PRESIDENTA ANTE EL INICIO DEL NUEVO CURSO

¡Ahora comienzo, Señor!maria-isabel

Se alza el telón del nuevo curso 2016-17 y, colocamos en nuestros labios una plegaria sencilla “¡Ahora comienzo, Señor!”. Ahora”, ni es demasiado pronto, tampoco demasiado tarde. Ahora”, es la palabra que nos urge a no demorar nuestra tarea, a sumergirnos en la acción del ancho campo que tenemos ante nosotros.

Un nuevo curso es una renovada oportunidad de gracia para crecer en la unión con Dios, cumpliendo la misión que nos ha sido encomendada. Somos trabajadores en la viña del Señor, estamos llamados a gastar nuestro tiempo y nuestras energías en esta empresa, sabiendo que “a jornal de gloria no hay trabajo grande” (Himno de Vísperas).

En tu nombre, Señor, comenzamos la tarea de este curso, con entusiasmo. En tu nombre, echaremos las redes de tu Palabra que hemos de proclamar con alegría, celebrar con emoción, explicar con sencillez y cercanía, aplicarla con coherencia a nuestras vidas para cada día mejorarla y transformarla.

En tu nombre, Señor, nos dedicaremos a la expansión de tu Reino, que nos va configurando contigo, poniendo en nuestro corazón los sentimientos de tu Corazón. No sólo con nuestras palabras, sino con nuestro testimonio para que se reflejen: la verdad, la justicia, la libertad… que nos harán ser cada día más responsables en nuestra labor.

En tu nombre, Señor, llevaremos a cabo cada uno su misión en la Asociación de Cooperadores Amigonianos, en nuestra diócesis, en plena comunión con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro, el papa Francisco. Con espíritu misionero, saliendo al encuentro de nuestros hermanos para ofrecerles la belleza de la vida cristiana, y ocupándonos especialmente de los pobres, de los últimos, con los que tú te identificas y reclamas para ellos nuestra misericordia.

Con la alegría de reencontrarnos de nuevo después del periodo estival, traemos a la memoria las palabras del papa emérito Benedicto XVI “No tengáis miedo de parecer diferentes y ser criticados por lo que estáis perdiendo o estar fuera de moda, especialmente a los que parecen más alejados de la mentalidad y de los valores del Evangelio” (Homilía 3 septiembre 2007). Se trata de vivir la comunión eclesial, trabajando cada uno en el campo que le ha sido asignado, no perder de vista la orientación de un camino común, viviendo la sinodalidad (caminar juntos) en nuestra Familia de la que formamos una importante parcela.

En tu nombre, Señor, llevaremos a cabo nuestra misión, aunque nos cueste, aunque nos aceche la desgana; cada uno con sus carismas, su don, su posibilidad. Con claridad y delicadeza para poco a poco llenar de amor los corazones de los que nos rodean y llevarlos a que beban de la fuente: Dios.

Muchas cosas hemos vivido el curso pasado, de las que nos sentimos agradecidos: hemos estudiado la Encíclica Laudato ‘Si, comparándola con las obras del P. Luís, la Misericordiae Vultus y todavía estamos gozando del Año de la Misericordia. Nuestros jóvenes y alguna cooperadora han asistido a la gran JMJ de Cracovia. ¡Gracias, Señor, por todo!

Pensando en nuestra Asociación, que todos queremos viva y renovada, reconozcamos con humildad y gratitud los bienes y cualidades que hemos recibido y, con responsabilidad, esfuerzo, generosidad y alegría, pongámonos juntos a trabajar. Sentiremos la alegría de la comunión y que todos crecemos juntos. Esta es nuestra tarea para este curso: ¿Qué puedo aportar a la Familia Amigoniana? ¿En qué puedo servir y ayudar? Nuestro deseo debe ser que nadie se quede al margen de esta vivencia comunitaria. Caminemos “Unidos y en la misma dirección”; “Unidos en una misma fe”. Hagamos las cosas desde dentro, con el amor del Espíritu Santo que ha sido derramado en nuestro corazones (Rm 5,5).

Acabo como al principio: ¡Ahora comienzo, Señor! A pesar de todo, comienzo. A pesar de que te he y me he defraudado, comienzo. A pesar de que, a veces, me fallan las fuerzas, comienzo. Todos, Señor, todos comenzamos. ¡Ánimo!

Que Jesucristo Buen Pastor esté con nosotros, nuestra Madre Dolorosa nos guarde bajo su manto y nuestro P. Luis Amigó nos guie en nuestro caminar.

¡Feliz inicio de curso a todos! Un abrazo de vuestra presidenta.
Mª Isabel Salort Sala


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Reflexiones de una Cooperadora Amigoniana en la JMJ2016

En primer lugar doy gracias a Dios, y a la Pastoral Juvenil de Teruel, por haberme brindado la oportunidad de participar en la Jornada Mundial de la Juventud en Cracovia junto a nuestro Papa Francisco, sobre todo, porque ya no soy tan joven, pero creo que nos tenemos que rodear de personas creyentes  que nos empujen a tener ilusiones y luchar por un mundo mejor.

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Ha sido muy emocionante estar rodeada de tantos jóvenes de diferentes países,  dispuestos a difundir y vivir la fe, podría decir que fueron días y momentos únicos  llenos de alegría, ilusión, esperanza y sobre todo de “Paz y Bien”, como habitualmente nos saludamos dentro de la familia Francisco – Amigoniana.

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Rosalía junto a su hija Mª José

Un acto que me hizo reflexionar y en alguna ocasión  emocionar fue la Vigilia del sábado día 30 de julio en el Campo de la Misericordia. El Papa, Francisco, dijo que somos “hijos” de naciones de diferentes partes del mundo, que el dolor, la guerra  que viven muchos jóvenes, deja de ser anónima, tiene historia. Hay que rezar por el sufrimiento de tantas víctimas de guerra y que nada es  más valioso que la persona que tenemos al lado. No hay que vencer el odio con más odio. Que la respuesta a este mundo en guerra es la fraternidad, hermandad, comunión y familia y que nuestra mejor palabra y nuestro mejor discurso sea unirnos en oración.
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Hubo muchos momentos que sus palabras me llegaron al corazón, sobre todo cuando  dijo que teníamos que evitar la  comodidad del sofá porque es la parálisis silenciosa que más nos puede perjudicar, ya que poco a poco nos vamos quedando dormidos, embobados y atontados, mientras otros  (quizás los más vivos, pero no los más buenos), deciden nuestro futuro porque para muchos es más fácil tener a jóvenes embobados y atontados que confunden felicidad con un sofá, que tener jóvenes despiertos e inquietos respondiendo al Plan de Dios para su vida.

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Que “no hemos venido a este mundo a vegetar, a hacer de la vida un sofá que nos adormezca, hemos venido para dejar una huella”. Cuando comenzamos a pensar que la felicidad es sinónimo de comodidad, que ser feliz es andar por la vida dormido y atontado perdemos la libertad. Para seguir a Jesús hay que tener una cuota de valentía, hay que “cambiar el sofá por un par de zapatos que te ayuden a caminar por caminos nunca soñados” y que abran nuevos horizontes, “capaces de contagiar alegría que nace del amor de Dios, la alegría que deja en nuestro corazón cada gesto, cada actitud de misericordia”. Tenemos que “ir por los caminos de nuestro Dios que nos invita a ser actores políticos, pensadores y movilizadores sociales”.
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Dios espera algo de cada uno de nosotros,  “viene a abrir las puertas de nuestras vidas”, de nuestras miradas, “viene a abrir todo aquello que nos encierra”, que nos invita a soñar y que podemos cambiarlo. Se necesitan “jóvenes con zapatos; mejor aún, con los botines puestos” y no jóvenes sofá. El mundo de hoy pide que “los jóvenes sean protagonistas de  la historia porque la vida es linda siempre” y hay que dejar una huella. El Señor quiere nuestras manos para seguir construyendo el mundo de hoy, dejar una huella en la vida, “construir puentes fraternos” como es estrechar la mano del que tienes a tu lado.
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Uno de los peores males que se nos puede meter en la vida es  el miedo que nos conduce a la parálisis ya que perdemos el encanto de  soñar juntos, de vivir, de disfrutar, de caminar con otros. Así que, como dice el Papa Francisco, seamos personas con los zapatos puestos y caminemos buscando la Verdad y la Felicidad.

A lo largo de la JMJ han pasado muchas más cosas vividas personalmente y en grupo. Por ejemplo, desde ratificar el camino que Dios quiere para mí hasta encontrarme con tantas personas que necesitan de mí en mi: familia, parroquia,  grupo de cooperadores, amig@s…
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Hemos formado un grupo increíble que pese a desmayos, lesiones y lluvias torrenciales ha mantenido la alegría en todo momento, cantando y haciendo sonreír a los demás, un grupo al que tengo mucho que agradecer y en el que me he sentido muy cómoda, una más. Pero todo esto no puede quedar aquí. Tantos cristianos de todas las partes del mundo unidos por el mismo motivo no debemos quedarnos sólo con la experiencia de un encuentro con el Papa, debemos ir más allá. Así que dejémonos de jubilaciones anticipadas, levantémonos con un “Jesús, en ti confío” diario y con palabras de propio Papa: “Lleven la llama del amor misericordioso de Cristo a los ambientes de su vida cotidiana y hasta los confines de la tierra“.

Rosalía Remón Miedes
Grupo de Cooperadores Amigonianos de Teruel